Que más me da que Fleming descubriera la penicilina o que lo hiciera alguien que se llamaba como él. Me es indiferente que Benjamin Frankling inventara el pararrayos o que le robara la idea a su mejor amigo mientras este se distraía con los pájaros. Pero quiero saber cuántos destellos tuvo que sufrir y en qué soñó justo la noche anterior. Me da igual si ayer ahogaste a un perro o si plantaste un árbol, no voy a juzgarte, pero necesito saber cual es la radiografía de tus silencios y que te explican.  No me inquieta ni resuelve mi trascendencia o la tribulación de mi desconexión con la vida, lo que hicieron las personas que ya no están o lo que harán las personas que ya están.

Radiografia de tus silencios - Lucas JM - Youbeart

Radiografía de tus silencios

Me importa sólo lo que transcurre de tí y para mí en este preciso momento cuando escribo o cuando leo. Y justo aquí y ahora no existe “hice” ni “haré”, no cabe esa brecha entre el presagio y la contundencia de lo que está aconteciendo, ni tampoco existe una relación causal entre la consumación del diagnóstico y el pronóstico (no se puede conocer la velocidad y la posición instantánea de una partícula en el mismo momento del tiempo en que estamos midiéndolas –principio de incertidumbre de Heisemberg). No me seducen tus intenciones, ni me colman tus ucronías, tan sólo quiero saber de tus silencios, de tus soledades y de tus esperas. Todo junto y a la vez. Los tres suman un latido redondo de determinación y certero de intención, que se abre paso en un pequeño abismo personal, un impuso de sangre pura y nutritiva, una semilla vital, una génesis realizándose ya desde el principio hasta el final en el momento en que ve la luz.

No, no me interesan hoy los Cervantes, ni los Dalíes, ni los Lorcas, si hicieron lo que hicieron. Me interesa su obra al margen de sus nombres. Y su nebulosa, lo que de ellos se derramó en el tiempo que transcurrió entre sus genialidades. Son solo nombres y hechos relacionados con una fecha que puedo constatar haciendo marcas en un calendario o en la pared, registrando lo que hoy se me antojan arbitrariedades que acompañan a sus autores y construyendo así una geografía temporal aleatoria de personas y gestos, nada más. Un registro meramente científico y sujeto a las estrictas restricciones del orden artificial y atómico que intentamos intercalar en la inquietante e inexorable entropía del universo, para salvaguardar nuestra cordura.

Me aburren ya las biografías de hechos y de logros, un centón de caricias y de espasmos, amontonamiento y acumulación de batallas ganadas o perdidas, como listas de comprobación, como informes exhaustivos de lo que fue ejecutado, de hazañas o desvergüenzas, saturados todos de constataciones, certificaciones, de certidumbres, de dataciones, de conclusión, dejando a un lado lo que me interesa, que no es otra cosa que los ripios de la obra constante que es el desbaratamiento del personaje y la deconstrucción de sus armaduras, los restos del naufragio que dan cuenta de lo que no era tan necesario  –la mentira del lujo superfluo-, las ruinas dignas y solventes tras el terremoto, la madera negra tras el incendio del bosque y su renovada promesa, lo que no te dio tiempo a mostrarme de manera no intencionada o a revelarme por pura inercia de tu devenir orgánico. Tu fluir.

Ahora sólo quiero saber ti a través de tus silencios, de tus soledades y tus esperas, sí, esa es la única trinidad que logro solidificar dentro de mí, en la que creo. Sólo quiero saber de tus momentos macerados en esos tres interludios. Esos retazos de lucidez siempre natural y cierta, no enmascaran una simulación ni un abandono de nada ni de nadie, no glosan una vida paralela de otro yo paralelo, sino que es la vida misma soterrada de un yo que transcurre por el mismo cauce que mi “mí mismo”, pero que se espesa abajo en mi subconsciente como el río que se filtra en la tierra y empapa la hondanada hasta reaparecer momentos antes de sus intentos de desembocadura hasta llegar al regazo del mar definitivo y moliente.

Hay toda una biografía espúrea y olvidada de la persona anímica, espiritual y emocional que aguarda a algo o alguien en silencio. Silencio reconstituyente y elemental en la espera ocupada u ociosa en la cola del supermercado a la espera de que se libere la caja para pagar o el tumulto que rodea a las naranjas, en la sala de espera del médico o de la peluquería, mientras me cepillo los dientes, mientras espero en la cola del teatro o el cine, mientras aguardo al teléfono a que me atienda la operadora, mientras espero a que salga el hilo negro de la cafetera, mientras aguardo a que el vigilante termine de comprobar mis papeles y levante la barrera para cruzar, mientras el semáforo se pone en verde, mientras termina de calentarse la comida en el micro-ondas, mientras el revisor comprueba mi billete, mientras descifro ese “ya no siento nada por ti” que me despide de ti al teléfono y que enmascara un ya no existe para mí.

En ese lapso de tiempo, unas veces consabido y otras indeterminado, que unas veces es intencionado y provocado y otras es sobrevenido, no hay engaño ni error posible. En la espera se pone y se opone. Se pone a prueba mi “mí mismo”, el ser esencial, soñador y reverberante en la espera en soledad, convaleciente, sumiso de mí mismo, y se opone al trampantojo de mis medallas, de mis triunfos, de las tachas de mi expediente académico o callejero, a la lista de todos los objetos y artefactos acaparados y que creía necesarios, a lo que los demás esperan de mi, a la mirada fiscalizante y juiciosa o a la amorosa y compasiva del otro.

Concatenado todas las esperas en soledad y en silencio de la vida, esperas de mi vida ocupada o pendiente, tejo a ratos una mortaja impermeable y gris o una guirnalda resplandeciente de colores y especias. Una biografía ágrafa y sanguínea. Todo está sujeto a mi propia mirada interior y no a lo que filtran mis ojos o tantean mis manos en la oscuridad. Sumando todas las soledades en las que infrinjo todas las leyes quasi-arbitrarias del ilusorio tiempo que tampoco existe, convalido mi vida, se consustancia ese mí mismo que no hace distinción de juicio o de valor entre el llanto y la risa, entre lo dulce y lo amargo, entre lo impermeable o lo poroso, y que sondea mi propia profundidad invisible y superflua a tus ojos en lugar de medir matemáticamente la altura, que reza musitando oraciones consabidas pero no aprendidas nunca ….

 

Biografía, tonelada de dinosaurios diminutos o pequeño gramaje de motas de polvo gigantescas, inventario de aves migratorias en pleno vuelo o recapitulación en la biblioteca de libros incompletos o aun por escribir, rémora acumulada de automatismos y tics, mosaico impersonal de gestos glosado por personas distintas con teselas de colores sin contorno y sin fronteras.

 

Quiero conocerte de verdad. Te pregunto por ello por tus silencios, por sus esperas, por tus soledades, por lo que nunca me dirías si no te preguntara o si no echara un vistazo a tus memorias. No me interesa ahora lo que haces o lo que hiciste, sólo quiero saber qué has venido a hacer aquí, sólo quiero saber qué te estremece, qué te gusta.. Porque muchas personas en este mundo, no pueden o no saber elegir, y la mayoría hacen solo cosas que no les compete o no les gusta.

Cuando te escucho atento, te conozco, y solo cuando te conozco, puedo quererte. Recién nacido, inmaculado, sin trampas. Dime, ¿qué te gusta? ¿qué puedo hacer por ti y para ti?. Creo que te quiero, quiero pensar, desde mi propia soledad, mi espera y mi silencio.

 

«Radiografía de tus silencios» – quiero lo que siento
– Lucas JM

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