Siempre que quiera, puedo construir mi propia realidad, mi realidad «no física». Yo elijo a quien miro, en qué pongo el foco, mi atención. Y elijo como veo, desde donde lanzo esa mirada. Está en mi mano y es incluso mi responsabilidad, investigar y descubrir ese filtro único, personal e intransferible que convierte el mundo, en mi mundo, que lo hace «mío». Y que me permite alinear mis emociones con mis pensamientos. Mirar, es leer con los ojos. Leer, es mirar sin los ojos. Es por eso, que no veo tus ojos, leo tu mirda – esto que te cuento

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Retazos – No veo tus ojos, leo tu mirada – esto que te cuento

Existe, un modo de ver, llamado dolor.
Tenemos, una forma de mirar, llamada soñar.
Cuando mi boca no alcanza ahora al verbo,
cuando se secan los labios y se agrietan
y mis ojos apenas se atreven a los tuyos.

Baste entonces un deseo nuevo, una intención.
Corran entonces los ríos por frescas veredas
Y si al final después de todo, caigo dormido
y no sé que es soñar,

¿qué hago aquí? ¿por qué me muevo? ¿a quien le cuento?

y si no comprendo lo que sé,

¿qué es mirar? ¿a donde vuelvo a recordar? ¿quién me encuentra ya?

Me queda dejar el vuelo, rozar la espina,
mis alas bajan ahora a tierra a robar tu abrazo
mientras lo que queda de mí y en mis entrañas,
se pierde para siempre en el llano de tus ojos glaucos.
Te veo llegar, te veo desaparecer como el humo,
porque el ayer no es más que un hoy pasado
y el hoy sólo el mañana que quizás vendrá.

¿Como podría hacerte entonces desde aquí, uno de mis personajes?

uno luminoso, uno siempre cerca, uno, más que mío entre los míos …

Tenemos nuestra propia manera de llorar, de reír,
de mirar sin pestañear al lago,
existen muchas formas de escribir un beso,
baste entonces una ilusión, un nuevo espejo.
Caigan del árbol las almendras de sol secas,
vierta el mar tranquilo justo entre mis dedos,
y al final después de todo, lanzo un suspiro,
y si no supiera que también es respirar,

¿qué haría aquí? ¿por qué me río? ¿a quién le rezo?

 

Y sino quiero lo que siento, dime,

¿qué es vivir? ….

 

«Retazos»
– Lucas JM

El hombre que no era No veo tus ojos, leo tu mirada – esto que te cuento

Era alguien que no era, ni de aquí, ni de allí, ni de las flores, ni de los ríos. No era de nadie, pero quería. Quería ser de alguien.  Un pájaro en una jaula, con las alas rotas,

atrapado, pero amado.

Era alguien que no tenía, ni tristeza ni alegría. Ni lloraba solas ni reía. Era alguien que ardía, que no era de fuego ni era de hielo, pero vivía.
Y con los ojos cerrados y el corazon roto se movía. Que no sabía sonde ir,

donde abandonar las cuchillas que lo ahogaban sin herir.

Era alguien que no sabía ni de hombres ni de bestias. Que no distinguía tampoco la noche del claro día. Pero sentía. Sentía los rayos de Sol en las tardes frías. Y sentía el brillo de las estrellas mientras dormía,

un beso en la oscuridad, un soplo hasta que amanecía,

Era alguien que esperaba. Esperaba gritando mientras se apagaba y esperaba en silencio cuando se encendía: siempre al acabar la noche, siempre al comenzar el dia, al mediodía.

No tenía quien lo aguardase a él, tan sólo, su tontería.

Y era alguien que leía,

leía el amor en los árboles, mientras crecían

«El hombre que no era»
– Lucas JM

Las Lunas – no veo tus ojos, leo tu mirada – esto que te cuento

Todavía, cuando contemplo la Luna desde un lugar recóndito y exótico, en las antípodas de lo que sería mi forma de vida cotidiana, como en Kenia, la miro como si fuera otra distinta, local, propia del hogar donde me encuentro en ese momento. Pero a la vez, siento,

que ella me reconoce igual, me tolera y me da por «hecho».

Nos observamos los dos, pacientes, humildes, resumidos, concretos, mientras hacemos como si no pasara nada. Echo a andar, me giro, la bordeo, piso su reflejo en un charco. Volteo de nuevo la cara y la miro de reojo.

¿Qué me pasa, por qué respiro tan lento?

Si te paras un rato, la Luna es un espejo, de eso que te late dentro.

«Las lunas»
– Lucas JM

Sin mis gafas – no veo tus ojos, leo tu mirada – esto que te cuento

Casi sin darme cuenta, empecé a percatarme de que las formas, las dimensiones, las distancias y los colores habituales, me eran extraños, como recién hechos. Como si tuviera que volver a ubicarlos y a descifrarlos. Así que, decidí que era el momento de dejar de hacerme el fuerte y el irreductible y comprarme mis primeras gafas. Quizás, no hice la mejor elección. O puede que no me dieran las más apropiadas, porque todo seguía igual. Es decir, distinto.

De otra forma, todo parecía aun un caos casi intransitable o indigerible. Es por eso, que cambié de gafas, esta vez, tras muchas lecturas comparativas y muchas visitas a establecimientos.

Pasó el tiempo, y una vez más, no sucedía nada. Reemplacé los cristales por aquellos de ese color de moda que anunciaban. Dejé que pasara más tiempo y tampoco ocurrió nada. Entonces, me las quité decidido por un instante en contra de la opinión de mi médico –que apenas sí me conoce- y desoyendo lo que otros mirones me aconsejaban.

Ya descubrí la trampa, justo cuando cerré los ojos y me soltaste la mano y dejé por un momento que tu aroma y tu sueño de algas me llevaran …

«Sin mis gafas»
– Lucas JM

¿Te has ocupado a lo largo de tu vida a aprender a mirar? a mirar por tí mismo, a tu manera, sin tener en cuenta lo que te dictan los demás
¿Miras sólo lo que está de moda?
¿Cuando lees, solo «descifras» letras o haces tuyo el texto?

 

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Lucas JM Quiero lo que siento

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