La verdadera belleza, no suele ser tan perceptible a primera vista. Necesita tiempo. Y suele adquirir formas sencillas, humildes, veladas, modestas. Son bellezas cuya naturaleza es el amor, aunque puede ser un amor aun no asimilado ni contactado, sino en forma de una constante búsqueda.
Y muchas veces infructuosa. Lo que deviene en frustración, desesperación y tortura por la culpa y el autocastigo consiguiente. Entonces, uno mismo se convierte en su propio reo que ha de pagar cada día y cada noche, su propio rescate.
El precio está continuamente por decidir, es una incertidumbre que consume todo lo que se le acerca. Es el secuestrador y el reo en un mismo papel, en un callejón sin salida. Es Cenicienta en el callejón II, acorralada,
sin disimulos, palpitante, ardiente. Consagrada.

Cenicienta en el callejón II

Blog-Literario - Lucas JM - Cenicienta en el callejón Capitulo II

Capítulo III

Hubiera creído que estaba muerto o en la narcótica antesala de un preoperatorio si no fuera porque vi pasar por delante de mí a la mismísima Audrey Hepburn versión “Lobebe” de imitación y “no_meTocarásEntuvida_MuertodeHambre”. Y noté como se me ponía dura. Me puse un poco nervioso, no sabía si alguien notó algo. Pero, bien, seguía  vivo. Di un suspiro de alivio y con mi falsa vanidad ya restituida y resarcida, me acerqué a Raquel. Hacía tiempo que no hablaba con ella, concretamente desde que su marido nos pilló en su coche a la salida de la fiesta anterior el año pasado. No ocurrió nada, fue solamente un asomarse al acantilado, medir alturas inmedibles, encender una pequeña hoguera y sofocarla antes de que se extendiera. Peligroso, sí, arriesgado, el simulacro no fingido de otro simulacro, a saber. Pero respeto mucho a los maridos, podría ser yo uno un día de estos. Así que no dejé que pasara nada pese a sus seductores señuelos. Pero eso da igual, desde mi lado se trataba solo de mi conciencia, de mi propia coherencia. Lo que importa desde el punto de vista de los hechos y que realmente tenía transcendencia en el sentido de que produciría consecuencias de forma irremediable en la configuración de una parte importante del microuniverso de estos dos, es la cara de tonto que se le quedó a él. Una cara así, esconde muchas veces detrás una muerte aplazada, un dolor de otro mundo.

Capítulo IV

Con Raquel terminé rápido, la verdad es que no me interesaba lo que me estaba contando. Al parecer, su jefe quería tema con ella y estaba sorprendida por su hazaña:

Ya ves tú Lucas, que es el “jefeDeservicioDenosequéPoyas”
y está aquí conmigo dándome coba, con una mindundi como yo, no me lo puedo creer”

– Me decía cuchicheando, pues la presa, el respetable, se encontraba aun justo al lado –

Se sentía una cazadora afortunada, de élite. Pobre marido suyo, ¿en qué cabeza cabría tanto cuerno y tanto puyazo?. Pues vale. Yo estaba ya muy cansado físicamente y hastiado mentalmente. No me interesaba ya ninguna novela rosa ni las hazañas de dos cuatrerillos de oficina de tres al cuarto. Había llegado mi hora. Hablé con Arturo y los dos estábamos decididos a irnos. Así que, aunque Estrella me había ignorado, tiré de justicia y le recordé que estaba allí con ella en ese bar porque prometió dejarme en mi casa sano y salvo. Y cumplió. Primero lo dejó a  él y luego a mi. Hasta ese momento una típica carga descarga de crápulas y borrachos a deshoras tras una noche de fiesta. Se bajó Arturo y en los dos minutos que restaron hasta mi casa se me pasó por la cabeza besarla. Fue algo  fugaz, falsa alarma, no me apetecía pelear ni hacer méritos por ese beso. Pero lo reconozco, necesitaba cariño, siempre he pensado que la mejor temperatura son treinta y seis grados, los de la piel. Pero hacía tiempo que ya no me molestaba en conjurar a las hadas y desconfiaba totalmente del oráculo.

Capítulo V

Aparcó a un lado de la avenida, bajo una farola caída en desgracia, oxidada y de luz anémica. Me quité el aparatoso cinturón de seguridad con facilidad pero con cierta ceremonia también para liberar de tensión el momento y disponer también del tiempo suficiente para tomarle las hechuras y las medidas al destino que podría aguardar a ese posible beso. Al final tan sólo le di uno rápido y reglamentario en la mejilla, correcto, aséptico (hice en mi mente, lo que se llama dar una “vuelta a la rotonda”, tiempo ganado para retrasar la indecisión, nada más)

Bueno Estrella, lo pasé muy bien, ya nos veremos, ve con cuidado” –marchaba a su pueblo, a unos 40 kms-,
-Hasta otro día, te llamo para desayunar un día de estos”.

Unos segundos antes, ya me había pedido y anotado mi número de teléfono. Pero antes de poner el primer pie en el suelo hizo su apuesta, lanzó su órdago:

-¿No me vas a dar un besito antes de irte?”

Lo pidió así, tal cual. Un besito, no un beso.

-¿Te lo he dado, no?”.
-Ya, pero no así ….”

y me cogió del cuello y me acercó suavemente a su boca. Sus labios eran de papel, como los de “Las cuatro y diez” de Aute. Quise observarla, con el espontáneo y no intencionado descaro que nunca he podido evitar y vi como cerraba los ojos mientras registraba mis labios en los suyos. Yo pasé mi mano por su pecho, intentado profanar el interior de su camisa, estaba obsesionado con la piel. Pero parecía complicado y desistí –fue mi única travesura de la noche– y ella se rió.

-Que pillo eres, jajaja. No se puede, es una pieza así entera …
-Jodida ingeniería textil -pensé como a quien se le reemplaza sin avisar su antiguo móvil por un primer y novedoso smartphone

Sí, es verdad,  qué pillo, no podría haberlo dicho mejor.

No pasó más, era tarde, estábamos cansados, pesados, como atiborrados de galletitas de la suerte pero sin mensajes positivos y de suerte segura –menuda estafa de noche, no?. Y ella tenía que conducir todavía una hora más. Quedé de nuevo en llamarla, aunque no sé si sonó convincente (en la derrota, cualquier promesa o arenga suele sonar yerma y vana). Clavado como un pararrayos en medio de la carretera, vi como se alejaba en su coche, despacio, como si la carretera la estuvieran desenrollando en ese momento a su paso. La Luna estaba ya casi oculta o rota, y las estrellas, las otras estrellas, también empezaban a esconderse.

Cenicienta en el callejón
– Lucas J M

♥ Continuará el próximo lunes ♥ ….

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